martes, 3 de mayo de 2016

Cómo llegar del aeropuerto de Amsterdam al centro


Amsterdam y sus carismáticos canales

Amsterdam y sus carismáticos canales

Amsterdam es una de las ciudades más visitadas de Europa. Sus canales, parques, bonitos edificios, museos y, cómo no, sus coffee-shops y la gran vida nocturna atraen cada año a millones de turistas. Para aceptar tamaño influjo de visitantes, cuenta con el aeropuerto de Schiphol, el cuarto más grande de Europa.

El aeropuerto en sí puede llegar a atraparte durante un buen rato ya que cuenta con una exposición de cuadros de maestros flamencos en el Rijksmuseum Schiphol, un avión Fokker de la Segunda Guerra Mundial cuyo interior puedes visitar y hasta varios spas. Sin embargo, seguro que no has volado hasta Amsterdam para quedarte en su aeropuerto, así que aquí van las opciones que tienes para llegar del aeropuerto de Schiphol al centro de la capital holandesa.

Si no os queréis complicar la vida, aquí podéis reservar directamente vuestro traslado desde el aeropuerto de Schiphol a vuestro destino final:
Reserva

Tren

Como suele ocurrir en las ciudades en las que el tren llega hasta el aeropuerto, esta opción resulta la más cómoda y rápida. Tan sólo tardarás entre 15 y 2o minutos en llegar a la estación central de trenes de Amsterdam, situada en el mismo centro de la ciudad. El principal operador de trenes en el país es Nederlandse Spoorwegen (NS) y puedes realizar con ellos el viaje.

Desde el aeropuerto partirás de la estación que está situada justo bajo la terminal y no tienes que preocuparte por la hora de llegada de tu vuelo pues hay trenes las 24 horas del día. En cuanto a la frecuencia del servicio, hay varios trenes cada hora entre las 6 am y las 12 am. Si necesitas viajar entre las 12 am y las 6 am encontrarás un tren por hora.

Si quieres saber los horarios detallados y el trayecto que realiza el tren puedes consultar la web official de NS. También puedes viajar a otras zonas de Amsterdam como Amsterdam Sloterdijk o Amsterdam Amstel.

El precio del billete de un solo trayecto es de 3.30€. Puedes comprarlos en las máquinas de color amarillo que hay en el Schiphol Plaza o en las oficinas de NS que hay en el Meeting Point del aeropuerto, también situado en la misma plaza.

Autobús

Otra de las opciones baratas para llegar al centro de Amsterdam desde el aerpuerto de Schiphol es el autobús.

Schiphol tiene un gran número de conexiones de autobuses a Amsterdam. Durante el día, las líneas 197 y 370 (Interliner) te llevarán a Leidseplein, en el centro de la ciudad, Ouz Zuid. La frecuencia del servicio es de uno cada quince minutos. Si llegas al aeropuerto con nocturnidad y alevosía, tienes la opción de tomar los autobuses 97 y 358 (Niteliner) hacia los mismos destinos. Los autobuses nocturnos funcionan entre las 00.30 y las 05.00.

Los autobuses parten de Schiphol Plaza, situada frente a las terminales de salidas y llegadas.

El recorrido desde el aeropuerto al centro lleva unos 30 minutos y el billete de un solo trayecto cuesta 4€, pudiéndolo comprar directamente en el autobús.

Taxi y transportes privados

Si vas con prisas o, simplemente, prefieres que te lleven del aeropuerto justo hasta la puerta de tu alojamiento, siempre puedes contratar un taxi.

En Schiphol puedes elegir entre compartir un transporte con otras personas que vayan en la misma dirección o usar uno privado para ti y tu grupo. Te aviso de que el servicio es bastante caro y acabarás pagando entre 40 y 50€.

Otra opción es coger uno de los muchos taxis que salen de la parada oficial del aeropuerto, situada a la salida de la terminal de llegadas.

 



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Pon un turista en tu ciudad (y luego, aborrécelo)

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Hace unos días los responsables municipales de Amsterdam reconocían estar desbordados por el elevado número de turistas que visitaban la ciudad y lanzaban una especie de SOS: “No venga tantos a visitarnos, ya no caben más”. La situación no es nueva. Ciudades como Venecia o Florencia hace décadas que fueron fagocitadas por el turismo masivo. Otras, como Praga, Brujas o Dubrovnik van por el mismo camino. En nuestro país, Barcelona lleva tiempo intentando entender en qué momento el turismo, antes anhelado, se convirtió en una fuente de problemas. ¿Existe una solución al problema de morir de éxito?

El fenómeno sigue unos patrones similares en cualquier lugar del mundo: primero una ciudad invierte ingentes cantidades en promocionarse y buscar una tajada del apetitoso pastel del turismo. Si hace bien los deberes, el número de visitantes se dispara y con él, los ingresos que generan. Y cuando las cifras se desmandan, denosta y aborrece los peajes derivados de ese fenómeno. ¿Cuánto debe Barcelona a los turistas llegados tras el lavado de imagen que supusieron los Juegos del 92?

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El turismo es uno de los motores económicos del mundo, genera –según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT)- casi el 10% del PIB mundial si sumamos los beneficios directos y los indirectos. Pero también es un Atila que arrasa cuanto toca. Nada aculturiza más ni altera más las costumbres y el entramado social de una ciudad o región que un turismo de masas mal gestionado. Hay que tomar medidas, nadie lo niega. El problema es ¿cuáles?

La más fácil y recurrente es crear tasas turísticas. Gravar con impuestos. Catorce países de la UE ya la aplican. En España, solo lo hace Barcelona, que cobra una tasa por pernoctación, aunque la alcaldesa, Ada Colau, acaba de anunciar que estudia imponerla también a quienes visiten la ciudad de día, aunque no pernocten en ella (me pregunto cómo lo hará: ¿le cobrarán solo al que vaya con bermudas, calcetines blancos y sandalias? ¿en qué punto de la Diagonal se pondrá el control que separe a los que van de negocios o simplemente a ver al novio/novia de los que tienen la aviesa intención de visitar la Sagrada Familia y tomase una paella con sangría en Las Ramblas?)

¿Existe algún remedio para paliar los problemas de las ciudades turísticas que mueren de éxito? No creo que nadie esté en posesión de esa varita mágica. Lo que sí se es que las premisas sobre las que han de partir las posibles soluciones no son halagüeñas:

1.El turismo va a seguir creciendo. Ya son más de mil millones los humanos que se mueven anualmente por el mundo de forma recreativa y el número seguirá creciendo conforme nuevas regiones del globo se incorporen a niveles altos de desarrollo

2. Eso flujos son ingobernables; en una sociedad libre no hay manera de impedir que esos turistas vayan donde les de la gana, a no ser que volvamos a la ciudades medievales amuralladas y al derecho de portazgo. Puedes poner numerus clausus en un monumento –como ya se hace en la Alhambra o el Parque Güell- , pero no en una ciudad.

3. Las ciudades turísticas deben asumir que una parte de su geografía urbana quedará para siempre como un parque temático para el turismo y que la población local será expulsada de allí por una simple ley de oferta y demanda.

4. No hay soluciones milagrosas, ninguna ciudad la has encontrado de momento.

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Lo que está claro es que solo imponiendo tasas turísticas no se soluciona el problema. Barcelona la aplica desde 2012 y no parece que haya resuelto nada. En este sentido recomiendo la lectura del artículo de Jesús Mota en EL PAÍS del pasado domingo La histeria fiscal se extiende por la ciudades turísticas: “Estamos ante otro caso endémico de la administración española de irracionalidad fiscal inducida por el pánico financiero y la imprevisión. Durante decenios el sector público y el privado ha entendido el turismo como una industria de coste cero en la que sólo hay que ingresar y recaudar sin que se les pase por la cabeza invertir en infraestructuras.... El resultado es masificación, suciedad localizada, zonas atestadas frente a otras vacías, pisos patera, borracheras y las vías públicas ocupadas por terrazas y chiringuitos”.

Igual que en un incendio forestal es imposible apagar el fuego más voraz y solo queda dejar que consuma lo que ya se ha apropiado mientras se crean cortafuegos para que no se extienda más, en las ciudades devoradas por el turismo masivo lo más inteligente es aceptar que –por desgracia- una parte del casco histórico quedará convertido en un parque temático de cartón piedra para uso turístico, a cambio de poder salvar otras zonas de la ciudad. Un dato a favor es que el turista siempre va a los mismos lugares, necesita de sus pares y busca esos escenarios falsos del parque temático, con sus terrazas, sus chiringuitos y su oferta estandarizada, que es igual en Barcelona o San Petersburgo. Eso ayuda a controlar los flujos y a evitar que el caballo de Atila pisotee otras zonas de la ciudad.

En el caso de Barcelona creo que aún están a tiempo de parar, pensar y tomar decisiones. Las medidas que está tomando el equipo de Ada Colau pueden ser más o menos acertadas y controvertidas, pero al menos le alabo la valentía de hacer frente al problema.

Solo queda una labor inteligente y paciente, soluciones imaginativas e inversión del dinero generado por el turismo en crear nuevas infraestructuras y diversificar las zonas de atracción. La mejor solución para Barcelona es un cóctel de soluciones: crear campañas de promoción y acciones encaminadas a lanzar un mensaje muy claro a touroperadores y mercados exteriores: Barcelona no es un destino low cost de borrachera. Legislar fenómenos como el de AirBnb de manera que se elimine de ese mercado a los que se profesionalizan y gestionan docenas de pisos sin dañar la necesaria economía colaborativa y la libertad individual para alquilar una habitación en tu propia casa (pagando impuestos por ello); me consta que los propietarios de esa web están por la labor de ayudar a que esto sea así. Y mano dura al aplicar las ordenanzas municipales ya existentes en cuanto a ruido, beber en la calle y actos incívicos.

Cualquier cosa, menos poner puertas al campo o pensar que cobrando más tasas turísticas se soluciona todo.



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domingo, 1 de mayo de 2016

Razones para empezar tu vida de mochilero en el Sureste asiático

Campos de arroz en Kentung, Myanmar

Campos de arroz en Kentung, Myanmar

Siempre que inicio una conversación viajera con alguien que no conozco, llega un momento en que te hacen dos preguntas muy típicas. La primera es la de “¿Cuáles son tus países favoritos de todos los que conoces?“. Cuando les doy un top 3 que suele incluir a países como Nueva Zelanda, Colombia, Brasil, Mozambique y Myanmar, en seguida pasan a la segunda pregunta: “Si decidiera hacer un viaje de mochilero, ¿qué país o países me recomendarías?“. La respuesta es siempre la misma: “empieza por el sureste de Asia“.

Esta zona del mundo es ideal para iniciarse en la vida del mochilero si quieres salir más allá de Europa. O, al menos, esa es mi opinión. Como sé que tenemos un público crítico al que les gustan las cosas argumentadas, aquí os explico el porqué creo que debéis iniciar vuestra vida de mochilero en el sureste de Asia:

Es muy barato

Templos en Bangkok, Tailandia

Templos en Bangkok, Tailandia

Si lo que estás planteando es un viaje, de mayor o menor duración, llevando a cuestas tu mochila, es muy probable que el factor económico tenga una vital importancia en él.

De todas las zonas por las que he viajado en mi vida, la más barata que encontré es el sureste de Asia. Seguro que hay lugares puntuales en el mundo que son más baratos, pero como conjunto de países dudo que alguna otra zona le pueda batir. Ni siquiera África es tan barato cuando llega el momento de buscar y pagar transportes y alojamientos.

Países como Tailandia, Malasia, Laos, Camboya o Vietnam ofrecen unos servicios cuya relación calidad/precio es espectacular.

En las calles de las ciudades tailandesas o los chiringuitos de las playas de sus islas podrás comer y beber por dos o tres euros. El transporte y alojamiento también tienen un precio muy bajo, provocado, principalmente, por la alta competencia y los bajos salarios que reciben los trabajadores relacionados con el sector turístico (y, lamentablemente, en cualquier otro sector).

Buenas infraestructuras turísticas

Vietnam

Vietnam

Desde la década de los 60 del pasado siglo, cuando los hippies comenzaron a viajar a esta zona en busca del paraíso terrenal, el sureste asiático ha sido una región en la que la afluencia de turistas prácticamente no ha dejado de crecer.

En mis viajes por Tailandia, Malasia, Camboya y otros, nunca me ha costado demasiado encontrar la forma de moverme de un sitio a otro. Ya sea en autobús, furgoneta, barco o vuelos internos, las conexiones son bastante buenas, permitiéndote una gran flexibilidad en tus decisiones.

Los alojamientos son también variados y de una calidad (si la pagas) que supera con creces incluso a la de varios países europeos. Para que te hagas una idea he estado en un bungalow con aire acondicionado y porche a orillas de una playa tailandesa por unos 10 euros la noche. Pude encontrar cosas muy parecidas en otros países de la zona.

La gente es amable y hospitalaria

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Las gentes que pueblan el sureste asiático – ya sea por el budismo (que la mayoría practica) , tradición o el clima agradable – son simpáticas y acogen muy bien al turista extranjero.

Eso sí, como ocurre en tantos otros sitios, el turismo y el dinero pueden corromper algunas cosas. Tailandia se ha autoproclamado (con mucha habilidad publicitaria) como el “País de las Sonrisas” pero lo cierto es que encontrarás gente más auténtica y amable en sitios como Myanmar, Camboya o Laos.

Las gentes que habitan y trabajan en el campo pueden resultar algo más tímidas en un principio, pero si te muestras respetuoso y simpático y consigues que se abran, tienen una bondad que suele ser más marcada que los que habitan en las grandes ciudades asiáticas.

Si te encuentras perdido o necesitas ayuda de algún tipo, no dudes en pedírsela.

Paisajes y clima impresionantes

Bagan, Myanmar

Bagan, Myanmar

Y cómo no: el sureste asiático es muy bonito, dándole aún más sentido a todas las razones anteriores. Allí he visitado lugares mágicos como las miles de pagodas que lucen al amanecer en Bagan (Myanmar), los templos Khmer de Angkor (Camboya), las islas paradisíacas de Tailandia, las tierras altas de Malasia o los bosques montañosos de Laos.

Paisajes tropicales, montañas, mares que ocultan una vida submarina aún más bella que los colores que se aprecian en su superficie, ciudades monumentales, templos budistas, restos de imperios e incluso ciudades modernas donde correrte una buena juerga. El sureste asiático tiene un poco de todo y, aunque puedes tener que soportar algunos buenos chaparrones, podrás disfrutar de todo ello con una temperatura más que agradable.

Encontrarás a otros viajeros

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Nunca te encontrarás solo cuando viajes por el sureste asiático. Hace décadas que la zona sufrió un boom turístico y hoy en día los mochileros viajan a miles por estos países.

Si decides emprender la aventura en solitario y eres una persona medianamente abierta, acabarás conociendo buenos compañeros de viaje de distintos países y orígenes. Te podrás sentir arropado por ellos, salir de fiesta, compartir gastos, variar la ruta con ideas de lugares que no conocías… E incluso enamorarte o encontrar una amistad para toda la vida.

Ya sabes lo que dicen: dentro de un viaje pueden existir muchos otros viajes.

El contraste cultural

Tailandia

Tailandia

Cuando alguien sale de viaje suele ser porque está ávido de vivir nuevas experiencias, disfrutar de nuevos paisajes y, también, conocer nuevas culturas. Quizá no siempre sea el caso, pero imagino que no voy desencaminado.

La cultura de esta zona de Asia nada tiene que ver con la que dejarás atrás cuando cojas el avión en Europa o América Latina. Bueno, quizá vuelvas a encontrar un pequeño atisbo de ella cuando pases algunos días en grandes ciudades como Bangkok o Kuala Lumpur, donde el capitalismo está mucho más que instaurado, pero, en general, será muy diferente.

En las aldeas, pequeños pueblos, bosques, campos, montañas e islas, encontrarás gentes con unas tradiciones, lengua, religión y valores distintos a los tuyos. Relaciónate con ellos e intenta empaparte de una cultura que, en mi modesta opinión, tiene mejores valores que la occidental capitalista.

Entonces… ¿Te animas a viajar al sureste asiático? Si es así, no dudes en consultar nuestros menús de artículos pues lo cuatro editores de Viajablog hemos pasado largas temporadas en esta bella zona del mundo.

 



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